AYÚDAME
- cesarlorqu

- 30 oct 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 10 sept 2023


“ La felicidad es el privilegio de ser bien engañado “ Jonathan Swift.
Para cuando puedan leer esta nota… Espero haber aclarado muchas de las dudas que dan vuelta en mi cabeza.
Tras escuchar nuevamente y por enésima vez la melodía del Nocturno de Chopin sentí una ineludible sensación de levedad e importaculismo en la parte alta de mi abdomen, sin lograr explicarme de manera clara el Por qué sentí, sin ninguna premonición ni antesala, una sensación de pánico que invadió mis sistemas sin dejar pausa a una explicación racional que me diera un argumento o herramienta de ajuste.
Las últimas semanas de octubre había abusado de mi cuerpo, entre copas repetidas de aguardiente y una que otra inhalación rosada, compartida entre sabanas y al amparo de la exuberancia de tus muslos, en mi reciente trasegar entre muros de las discotecas de mi ciudad noche, intentaba adaptarme a una demanda social por “comerme el mundo”. Ahora el sueño iniciaba a presentarse a horas que no correspondían. Me esforcé por controlar está ansiedad reciente, esa necesidad galopante por mi inclusión social, por adaptarme y evitar mi rezago a la ventana de los millennials con los que crecí y compartí mis sueños.
El teléfono repicó en varias ocasiones, al principio de manera constante y al final de la mañana, más intermitentemente como si entendiera mi inimaginable situación de caos actual.
De la oficina llamaban a indagar sobre los documentos que debía entregar ese fin de semana por acuerdo con mi jefe. Silvia, fatal y posesiva, seguro cuestionaría mi indiferencia reciente hacia ella; haberme ausentado después de degustar su miel significaría un adiós prematuro seguro.
Del banco me ofertaban el crédito de tasa reducida en mi proyección de cambio de apartamento ya que venía asfixiándome últimamente en la estrechura de mi apartamento de soltero.
Mamá, mi viejita querida, seguro se olfateaba algo raro en mi comportamiento reciente. Me timbró infinidad de veces hasta que comenzó a inquietarla mi silencio y luego, sencillamente decidió dejarlo para después pues se imaginó que ya me encontraba en alguna reunión como era habitual los lunes de mi rutina.
La cama se convertía en una camisa de fuerza que me sujetaba sin cuestionamientos y abortaba toda fuerza racional para ir por un poco de agua y lavar mi cara salpicada de lágrimas recientes. Mis manos apretujaban sin reparo la almohada que había sembrado sobre la sien. Esa mañana abandoné de manera voluntaria mi deseo de alimentarme tempranamente y mi cuerpo inició a negarse a recibir alimento alguno en las horas que siguieron.
Un espiral de autodestrucción comenzó a girar en mi entorno como si fuera la única esperanza de salir de ésta. Un intento desesperado de pedir ayuda dejó entrever la escena de mi mano derecha marcándole a un amigo por ayuda, sin embargo, su mensaje prefijado dejó en mí la sensación de que no había nadie que pudiera escucharme en ese momento.
Chopin perforaba mis orejas con una pulcritud afectiva que generaba una oleada emocional y un splash gélido sobre la frontal de mis ojos. Me levanté y divisé la panorámica de una montaña infinita de verde incrustada sobre muros verticales de ladrillo rojo de la ciudad De Arma. Ahora recuerdo el efecto Chopin en mis emociones cuando asistía a las clases de piano de mi infancia prolongada, yo prefería la percusión y el viento para mis oídos, sin embargo el piano magistral de Juan David y su amor eterno por el polaco redundaba para mostrarme los callejones elongados de mi existencia. Muy pronto descubrí que la música no era lo mío, noticia que no le sorprendió a mis padres pero, que a pesar de la distancia del piano de Juan David, no logró desprender de mí su melodía.
Yo solía contemplar en mi alrededor, me miraba fuerte y no gravitaba en ninguna idea en el principio, había discurrido por una vida con altibajos, un camino lleno de detalles y sutilezas simples que nublaban el brillo en mis ojos. Reflexionar y acatar que los treinta me adentraban a una parte conclusiva de la vida donde nada está concluido pero que tiende a desarrollarse con la dinámica y el engranaje de los años en procura de un mañana digno y diáfano.
De repente la vida se me está volviendo gris, el miedo está inundando mi horizonte, está cerrando mi entrada de aire y lo peor es que ya no tengo respuestas para dar. Presiento que estás paredes se están comenzando a estrechar y mi garganta es ahora presa de la soledad.
Mis manos, mi cuello, mi sien, todos ellos me están pidiendo que termine con esto. Yo no puedo, ni siquiera entiendo porque ahora estoy iniciando a sentirme triste si apenas hace dos días disfrutaba de tu compañía y escuchaba de tus labios las palabras más bonitas y, entre los dos nos jurábamos, no darnos la espalda jamás y tomar nuestros cuerpos para saciarnos entre sí como expresión de un amor sin límites.
La ventana de mi cuarto mira de frente a la montaña, debajo los autos y transeúntes se divisan minúsculos en su singularidad. Su cristal me dibuja formas encriptadas en tonos tornasol. Sobre este vacío me siento infinito, creo que es hora de buscar soluciones a este conflicto de creer que ya nada tiene solución. Bajo mis rodillas hay un par de pies asustadizos e inseguros. No creo tolerar mucho más tiempo esto que me duele dentro. No creo poder cambiar mi historia, así que la moneda que ahora cumple la teoría de Newton me lo debe aclarar todo, si es sello tocaré tu puerta, si es cara …Espero que no me juzgues como un cobarde, pues te juro que en la última semana de mi vida ya nada tiene contrapeso y la balanza ha venido inclinándose en mi contra.
#HazTuParte para apoyar la salud mental, OPS – Washington DC octubre 7 de 2022.
Dedicado a esa mujer fabulosa que lucha contra la estigmatización de la depresión.





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