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CUENTOS SOBRE EL CAPI Y EVA LUNA

Actualizado: 13 jun 2025






I: MI VIAJE.


En esta maleta no cabe casi nada,


Cabe la esperanza de recorrer los caminos trenzados que de tu pelo me llevaron a la costa,

cabe la promesa de hacer un viaje,


viaje que prometimos hacer juntos cuando de dieciséis nos fugábamos de tu casa,


cabe la añoranza de oler tu fragancia de mañana cuando las olas de Cartagena cubrían nuestros pies huesudos y nuestra sonrisa engañaba la hora del primer bocado.


Viajo al lugar donde nuestra piel se tatuaba en la arena y filtraba desprevenida las curvas del amor.

Vuelvo a Cartagena, vuelvo con tu aroma mezclado en agua de algas.


II:REGRESO A CARTAGENA.

Lástima que no haya billetes para maniquíes,

billetes que usaría para cubrir tu zona cándida y expuesta,

billetes que cubran tu inocencia manchada de lujuria y marchita por la envidia del que te robó cuando regresábamos en nuestro primer aniversario a la playa de mi ciudad que, perpleja,

fue testigo de tu robo y de tu entrega a él;


me preguntaba, triste como quien pierde su pulgar derecho,

triste como maniquí que perdió su vestuario,

¿Cuántos billetes necesitaste para vender mi amor?

¿Cuántos billetes para comprar mi desesperanza?


III:DE GALOPE EN LA MURALLA.

Pensé, mientras el coche se lanzaba en ristre contra el muro:

¿Qué debía pasar para comprender que nuestro amor, mutilado de ilusiones y pasmado de egoísmo, agonizaba?

El coche levitó instantes en el aire antes de reventarse contra la muralla y sentí el ardor del mar penetrando mis magulladuras en brazos y piernas mientras tu padre maldecía haberme entregado el volante sin percatarse que,

Mi suegra expiraba al tiempo que perdí la conciencia.


Desperté rodeado de gentes de blanco, hurgándome entre las carnes y hablándome una lengua en jerga, incomprensible para mí.

Mi terror de niño reapareció:

Mi excreta buscó su escape, yo…

Sentí el escalofrío de la evidencia.


IV:LA NOCHE Y MI CIUDAD.

Te regalé una bonita sonrisa de Joker;

Detrás de mi sonrisa de loco nuevo se guardaba

una nostalgia poética de recordar y rememorar

tu presencia, de sentir tus latidos aunados a mi piel,

en mi psicosis, supuse que todo estaba bien,

por supuesto,

¡Pensé que disfrutarías del viaje tanto como yo!

Al despertar, entre sabanas sudorosas, puede convencerme que todo

era parte de un sueño; afortunadamente estarías feliz disfrutando la

compañía de tu nuevo amante.


Afuera dos oficiales me esperaban, la sirena encrespó mis nervios

y de nuevo pensé en tus ojos color de ángel negro.


V:Alguien ha robado la brújula del capitán.

A esta gatita aún le quedan muchas vidas (por vivir)…


Mi suegro, El Capi, zarpó esa mañana en su bote diminuto en compañía de Cata, su angora blanca, salió del puerto en busca de cardúmenes de lebranches y jureles, obstinado y resignado como siempre, se adentró sin predecir que esa noche el barco zozobraría.

Esa noche, El Capi perdió su brújula, el mar se lo tragó;

En su casa, Eva Luna y yo, nos comíamos la miel de su ausencia.

Entre tanto, él bebía sus orines, otra de sus obsesiones era ganarle en ciernes a la muerte, tomarla entre sus brazos robustos y doblarle el pescuezo de un solo intento, en eso pensaba cuando la tormenta le despertó.

Ahora su lucha era por encontrar tierra firme, Cata a su lado y a su manera, también suplicaba piedad.


VI:Cata y la cartilla náutica.

El veintidós ya es historia,

El 2 de febrero se supo la historia de los dos náufragos,

Capi y Cata su gata angora, perdidos en el mar,

con una brújula extraviada y por destino de Dios o, del diablo,

lejos de casa.


En ésta apuesta por la vida, en un alucinante momento,

Cata se abalanzó sobre la proa y entre sus orejas,

El Capi pudo vislumbrar una ruta estelar que había conocido por su abuelo en correrías entre las islas, una ruta ancestral y segura, bueno al menos así la describía el Capi, lo que le ofrecía esta vez una oportunidad de regreso.


Posteriormente pudo confirmar su posicionamiento y pudo dibujar sobre el papel manchado de su camisa de la suerte el secuencial de la cartilla 10°10′30″N 75°45′00″O que le pondrían en ruta a las Islas del Rosario, tierra firme.


VII:UN DESORIENTADO CAPI.


Mi suegro reapareció entonces tras el naufragio, esta vez en Múcura,

… Él ya estaría tomándose un daiquirí en el Malecón.


Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que, cagado del susto como estaba, no arribaría esa noche a su casa. Él prefirió entonces pedir una botella de ron para matar el dolor de una puta muela cariada; tras media hora de haber tocado tierra, ya se divisaba en su figura enclenque, sobre los hombros más bien, su angora que semejaba el loro de Barba Negra, pero su maullido lo ponía en órbita y le arrancaba una carcajada que hasta hoy me parece muy difícil de olvidar. Como cualquier comensal pidió entonces un guiso de caracol al ajillo y se dispuso llamar a Eva Luna.


- Amor, mija… ¡Ya aparecí! -


VIII:… Un destino a seguir, una promesa de buen viento, una cita por cumplir.


​Su barba y su melena expuestas al viento, Cata pegada al oído rogándole sosiego y Eva Luna en un silencio blanco anticipatorio.


El Capi regresó, yo diría lo arrastraron, apeado desde Múcura. Le hablé de su aventura, del miedo de no volverle a ver. Él me soltó una carcajada, de esas que tenía reservadas para mí:

- ¡Eche… Tú si eres marica!


Fue esa la última expresión con la que me habló y que recuerdo como señal inequívoca de que su vida hizo más grande vivir la nuestra.


Diez años después, estábamos tras su féretro, Eva Luna y su pequeña hija le observaban cuando yo llegué procedente del interior del país.

La sífilis le dejó en cama, mi oficio me sacó de Cartagena y su hija, Eva Luna, olvidó mi súplica y la promesa de volver a estar juntos.


Hoy volvimos a pisar la arena de antaño, entendimos algo tarde que la vida se hace mar y que, cada quien busca su puerto.


CESAR LORQU.


Es un pequeño homenaje a la mujer que conocí mientras estudiaba Medicina, al recuerdo de su gato y a mi capitán quien siempre me habló del mar y como ejercía un papel perfecto en la conversión del niño en hombre.

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