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¡El Por Qué las mujeres te dejaron viendo un chispero!

Actualizado: 26 sept 2024



Por medio de la siguiente crónica, con datos reales e imaginarios, quiero presentarles cuatro mujeres que influenciaron mi vida literaria y por las que me sigo preguntando:

¿Por qué las mujeres, siempre me han mandado al carajo?


Carmen:

Cuando terminaba la secundaria en un colegio “estrictamente masculino” de mi ciudad origen al cual llamaban El Liceo, referente de los estudiantes de buen rendimiento académico y oriundos del Suroriente cartagenero, conocí a Carmen, era una mulata de un cuerpo exquisitamente torneado en las manos escultoras de los hombre de la región norte de mi país y enmarcado en la genética de una raza multinacional donde los árabes, africanos, españoles e indígenas dejaban plasmada su arte por azar. Carmen era de tez sarracena, ojos grandes y caderas endemoniadas, sabía contorsionarse al ritmo del mapalé y sus quince y mis dieciséis hacían una mezcla explosiva al ritmo de nuestras hormonas adormecidas en los sermones hábilmente inculcados por los curas de nuestra comunidad y las astutas y sabías palabras de mi madre – Sí embarazas a esa muchacha, olvídate de estudiar medicina – que bajaba en un tirón nuestra energía ancestral.

Nos hicimos novios, yo vivía por ella y mis notas de estudio nunca fueron mejores. Escribí mi primer poema para ella llamado Mi Verdad del que recuerdo iniciaba: Si la mañana me sorprende pensando en ti… No es casualidad. Me dijo en agradecimiento – Uy papi, ya te puedes ganar pal tinto si no consigues chamba como médico –

No sé si esas palabras generaron orgullo o tristeza en mi creatividad pero lo cierto es que una especie de congoja existencial se apoderó de mí y a partir de ese momento empecé a exigirme y a cuestionarme más cada vez que intentaba escribirle algo a mi Coca cola del desierto como despectivamente le llamaba mamá.

Comenzamos en universidades diferentes a estudiar carreras que poco o nada tenían en común.

A mis 18 y tras 2 años de noviazgo ya era justo y necesario probar de sus mieles del amor; yo me inventaba estrategias, le invitaba a buscar el momento y la ocasión, le escribía y transcribía poemas románticos pero ella siempre escapaba de mis encantos y me dejaba con una desolación y un dolor infinito en las inmediaciones de mi pubis escurrido. Imagino a su mamá indicándole las mil y una maneras de “sacarle” literalmente el cuerpo a un latino desesperado y libidinal.

Durante tres años me sostuve saliendo con Carmen, los esfuerzos de mi parte por mantener una relación insostenible fracasaron y finalmente decidimos, por acuerdo mutuo, recorrer un camino diferente por separado pero, sin renunciar a una amistad que con el tiempo pudiera otorgarnos la calma de un encuentro cercano y contarnos nuestras penas y alegrías, renunciando al dolor de una separación anunciada que no estaba entre las cuentas de los dos al inicio de nuestra relación.

Para ella hice mi primer poemario, lo llamé Rincones y en la trasluz de estos poemas se paseaba el cuerpo desnudo de un adolescente que lucha por lo que quiere, que se enfrenta a lo establecido en búsqueda de su felicidad. En el primer cuarto de mis estudios universitarios lograba plasmar la frustración y los desencantos de un adolescente que no tenía miedo de mirar a nadie a los ojos y para quien la vida es un escenario teatral donde los cuerpos zagalos de sus actores de ocasión se enfrentan a diario, en la búsqueda de sus ideales.

Hoy en día, ni siquiera responde mis mensajes de saludo por las redes. Desapareció al 100%, sin excusas ni remordimientos.


Greta:

Tras conocer varias hermosas mujeres en relaciones cortas y aburridas, tras compartir parte de mis sueños con mujeres planas y alocadas, conocí a Greta una mujer de edad cercana a la mía cuando transcurrían mis veintidós, de piel blanca y cabellera rubia, de familia oriunda del norte de Sucre, acostumbrada a escuchar y a danzar los ritmos de mi caribe mestizo. Ella era fuego y erotismo puro, le gustaba leer a García Lorca y marchamos en varias oportunidades por defender “nuestra causa”, esa causa de la que te hablan en la U, una fuerza obrera que “destruye barreras”, “qué cosa fuera de la masa sin cantera” como cantábamos al unísono y con la fuerza de mil voces en lucha por la libertad de nuestros pueblos, lucha y final al que nadie le interesa, que deja muertos y sueños vencidos al final del abismo y que solo rima en cánticos de juventudes sin banderas ni fronteras.

Nuestras similitudes amparaban entre otras una cuna humilde, unos padres campesinos, una admiración galopante por el arte y una afinidad común por mejorar la salud pública de nuestra región olvidada.

Para ella y por ella redacté dos cuadernillos en poemario; al primero lo llamé Lazos, Poesía para dos en un intento lirico por recrear la batalla de dos cuerpos enfrentados en duelo por el amor y, más tarde cuando su impronta amenazaba con dejarme, escribí Piel y Sol como antesala innegable a las consecuencias de exponer nuestros cuerpos al sol en sentido alegórico y promulgando al amor como centro del universo, su quemadura y el dolor que nos deja con las horas la insolación como evento que duele en mayor forma tras el paso del tiempo pues, al principio, una especie de trance adormece nuestros sentidos en medio de un aroma marino y el vaivén de las olas a las que les fue robada la memoria - por eso vuelven - tras nuestros pies, de manera ineludible.

Con ella viajé a Rincón del mar, una especie de isla encantada - sin ser isla - donde el amor y el mar se hacen juramentos por la eternidad, un punto donde la muerte no tiene accionar pues podría sucumbir en su intento por capturar a los enamorados que se hacen el amor sin freno y donde la carne de pescado encontró el principio de la virilidad y la virtud de un amante sabio.

Nuestros cuerpos lograron emanciparse de toda culpa y miedo, vencieron la lujuria y la ternura de quienes usualmente lloran la muerte de una abeja, caíamos en picada sobre superficies duras y esponjadas, sobre esteras, hamacas y catres moteleros de la ciudad vieja; nos hicimos uno durante los dos años que vivimos nuestro idilio. La zozobra y el desencanto llegaron tras una escena de celos y sin más reparos que el que te da el verdugo que cortará tu cuello, nos dijimos adiós tras separarnos, con una promesa por cumplir, una anunciada y ansiada solicitud de un segundo momento que nos diera la oportunidad de compartir nuestros sueños en la vida adulta, de enviarte mis historias publicadas y de recorrer como adultos envejecidos los senderos amurallados de nuestra Cartagena como lo hacíamos de joven, con un soslayo entre los ojos de no renunciar a lo único puro de una relación atemporal e inmaterial, que no se arruga ni se hinca ante frustración alguna, una amalgama emotiva a la que todos llaman amistad.

Tras varios intentos y encuentros cercanos como los amigos que quisimos ser, de compartirnos logros y frustraciones en nuestras vidas separadas en sociedad, vi de nuevo tu partida para ya jamás volver. Ambos por separado alcanzamos el éxito como familia y como profesionales en la medicina, al final, sin una explicación poca clara a la luz de mi experiencia, te marchaste con la sutil indiferencia de no importarte el rumbo que tomáramos ni la vida futura que nos deparara el cosmos, como entes en lejanía y como viajeros del tiempo.


Irina:

A comienzos de mi Año Social Obligatorio, requisito primordial para ejercer y aspirar a cupos entre las diferentes especialidades de la oferta laboral en la que pretendía hacer camino de manera pronta, antes de probar suerte en una comunidad de la Galia Europea, conocí a Irina, otra mulata cercana a los 175 cms de altura, de profesión enfermera, de cuerpo labrado entre las fuerzas ambivalentes del estuario del Magdalena en su pesquisa a Bocas de Ceniza y de formas logradas en la cocina barranquillera, con sus aromas y guisos. Sin más preámbulos y como solteros que éramos, al menos yo, pues después me enteré que era pareja de un hombre casado y que compartían sabanas los fines de semana que no se encontraba conmigo, nos arrojamos a los brazos del amor para hacernos volátiles en el sopor de un medio día Marialabajense, para desintegrarnos bajo la ducha de agua naturalmente vaporizada, para fracasar en las mañanas compartidas en lujuria en un intento por abandonar su cuarto, tal vez bajo la excusa inadvertida de que ya se hacía tarde y debíamos iniciar labores.

Enterado y advertido como estaba de la probabilidad anunciada de un nuevo fracaso amoroso, esta vez no prometí nada, no escribí ninguna línea para ella y antes intenté mostrarme algo distante para que ella no imaginara que estaba irrefutablemente hechizado por el sinfín de movimientos de su cadera luciferina y por la que, me había obsesionado irremediablemente.

Es así como tras compartir más de seis meses nuestro nido de amor en semana e interrumpidamente, idilio algunos fines de semana, tras batir nuestros cuerpos en duelos interminables y calenturientos en nuestro fervor de amantes, decidiste irte a compartir habitación con un gendarme, vestido de verde, de la estación principal del pueblo para así no volver a verte tras tu partida al terminar tu servicio social.

Desapareciste del mapa y así lo noté tras cambiarme de residencia a la zona andina de mi país.

Al día de hoy me fue imposible recuperar tu rastro, quise recuperar tu entrañable manera de reírte del mundo, de no dejarte aminorar por ninguna desgracia, quise poder contarte como la gracia de Dios se apoderó de mi vida y dejó en mí destellos de éxito. Fracasé en el intento.


Miranda:

Tras alcanzar el éxito como galeno, como deportista y como hombre de familia consagrado conocí de una mujer de sonrisa amplia y mirada demoledora. Dos décadas sobre su vida y una reputación de padre de familia no fueron suficientes para alejar a Joan Wytte, El hada de Bodmin, como me refería a ella en mis momentos de lucidez o Miranda como rezaba su cédula, de su curiosidad e interés y con ella ... El abismo.

Tras un acercamiento liderado por la curiosidad natural de una mujer que rondaba los treinta, tras las preguntas toleradas de un ¿Por qué? o ¿Para qué?, te di la confianza que necesitabas para escrutar en mis emociones, para indagar las razones y raciocinio de un aislamiento social auto promulgado con la disciplina que solo te dan los años.

Reconozco el impacto sanador de volver a mi origen, de poder escuchar al poeta escondido que ocultaba sus escritos entre sus clásicos de Estudios Clínicos y cerraba los ojos para continuar en silencio su labor de ayuda para con los demás, renunciando con ello a su propia vida.

Así, en un ejercicio de introspección y auto reflexión poder retomar el Quijote de mis aventuras entre líneas, acercarme a algunos semejantes en mi alrededor que antes consideré como tentadas a negarse a sostener una conversación con una persona mayor. Mi esposa, esa mujer de hacha y machete, que mira a sus semejantes de frente y a sus superiores directamente a los ojos, me supo escuchar y fue entonces cuando pude renunciar a la falsa expectativa de una mujer con rostro joven por la mujer serena y auténtica que me ha esperado siempre que salgo de casa, que no se arruga a lo malo de los tiempos y me escucha aun cuando la furia me estrecha la mente.

Aunque no hubo rutina de sabanas ni bailes de salón, quise quedarme con la cercanía de una mujer joven que me contara sus sueños aun a sabiendas de que esas emociones fueran lejanas de mí, quedar igualmente con la percepción en la piel de un magneto en aposición y la convicción de renunciar a unas cumbres borrascosas y la tormenta de una pasión lejana a mi tiempo. Esta decisión me aisló nuevamente, me robó su amistad y clarividencia pero también me dejó la iniciativa por publicar las nuevas historias en mi trasegar y rumbo taciturno.


A este momento definir y aclarar ¿Por qué? sigo viviendo una vida solitaria y ¿Por qué? adolezco de la cercanía de buenos y buenas amigas tal vez no tenga una respuesta muy clara. Asumiendo la cultura popular que nos rodea, podría aceptar que los hombres con personalidad y/o cualidades magnéticas, resueltas e independientes como éste autor, tienen la cualidad final de mantenerse alejados, de no prestarse a la manipulación de sus afectos y de poder trascender mediante una vida bien vivida y de un accionar trasparente.


Ahora sigo publicando mis historias; si quieres generar una afrenta en mí o indagar los secretos de la dualidad espacio/ tiempo y con ello modificar nuestro micro cosmos, probablemente te encuentras en riesgo de protagonizar una nueva historia de papel y lápiz.


¡Suerte en tu camino! …


CESAR LORQU.

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2 comentarios

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wilson mejia
wilson mejia
08 oct 2022

Elegante muy original mi doc

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cesarlorqu
cesarlorqu
08 oct 2022
Contestando a

Gracias Wilson, pura lirica de adolescente

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