LA MUJER VAIVÉN
- cesarlorqu

- 13 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 28 feb
Nada en esta cochina vida vale dos duros si no tienes alguien con quien compartirlo. Carlos Ruíz Zafón (El juego del ángel)

Apareció de repente, cruzó el umbral, sus ojos de vidrio azul reflejaron la nostalgia de un tiempo perdido; ella solía desaparecer, se marchaba, a veces ni siquiera se comunicaba conmigo por quince, veintiuno y más días lo que para mí se constituía en un hecho común y repetitivo, ella sabía que su tiempo era solo mío, lo sabía, sin embargo, parecía no importarle mucho lo que yo en mi introspección, lograra definir.
Cuando estaba de frente al mío, su rostro brillaba de una manera diferente, no lo entendía pero sabía que no podría cambiar el curso de las cosas y entonces, me entretenía observarte, era para mí una conducta aprendida por inercia verla darme la espalda y alejarse sin excusas y sin prisa como si el tiempo viviera en un paralelo y mi cuerpo, un accidente del espacio – tiempo, ¿Qué hacías, a dónde te ibas, con quién estabas ?
Todas las preguntas sin una respuesta posible y coherente a la luz de mi memoria vencida; yo renunciaba a estar cerca de ella, dejaba de advertir su presencia y me ocupaba de mis asuntos con la certeza de que pronto volverías a estar, tu perfume y tu presencia de mujer inagotable aproximándose a mi regazo, mujer eterna, aún sabiendo que eras más volátil que el aroma a rosas que tu cuerpo me compartía, un instante nuevo para recordarte sin extrañarte nunca, sin aceptar que estarías siempre, renunciar a mis anhelos y esperar a verte después solo si la fortuna me lo permitía, insistiendo para mis adentros, en que volverías con la luz de un nuevo día, con una carcajada estrepitosa que me recordara la frialdad con la que un león engulle la totalidad de su presa mientras el resto de la manada espera las sobras.
Para ese momento, dos certezas me llegaban de repente sin lograr saber, que ocurriría al siguiente día:
-¿Volverás, te espero hoy?
-¡Te espero en el umbral de la casa!
CESAR LORQU





La ambigüedad del amor, la ambivalencia de una mujer y la renuncia a la autoestima, todo un arsenal emocional y una autopista jabonosa al desconcierto.