LAS SOMBRAS DE LA NOCHE
- cesarlorqu

- 12 jun 2022
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 27 jul 2025

Afuera está poniéndose oscuro, los alúas golpetean desordenadamente sobre la ventana y logro observar desprevenida la ondulación suave de las palmeras enanas que bordean el jardín y dejan entrever su silueta elongada y esbelta. Se siente la presencia de jazmines con su olor penetrante y dulzón que como arequipe me perfora el olfato y logra distraer mi atención centrada por un rato. Afuera la noche es dulce y tibia, también es clara bajo la influencia de una luna que para nada nota mi presencia y alardea ante los mortales con su brillo y con su poder sobre las mareas. Me adentro en mi memoria con una desatendida intención de recuperar los momentos en que retozábamos de alegría por la simpleza de nuestro entorno, logro divisarte en tu lejanía, ausente como si nunca hubieras existido, como si la noche fuera lo más nítido entre nuestras almas gemelas y la ventisca de frío, un nexo entre el temblor de mis dedos y tu ausencia prolongada. Afuera ondulean las sombras de chagualos y de siete cueros, sombras densas y elocuentes, sombras que se adhieren con tesón a mi piel evanescente para descuadrilar mis secretos bien guardados de los ojos curiosos de los que miran tras de mí. Detrás de la ventana mis ojos perforan el cristal para divisar especulante la escasa luz que en la penumbra recorre los bosques.
Detrás de la ventana, un silencio susurrante que agrieta y sofoca mi lengua
porque es reverberante y porque se refuerza de palabras huecas,
un silencio que es cándido también porque es mi mejor
manera de halagar tu penumbra verde.
En mi pequeña celda de cristales y de paredes blancas,
olorosas a yodo y a cloro, te diviso tierna y serena
noche mía y ruego que te quedes conmigo otro rato
pues ya está amaneciendo y ya soy un hombre
viejo y no estoy hecho de humus ni de abonadura.
CESAR LORQU





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