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LoboS

Actualizado: 11 nov 2025

Piensa como lobo, camina como humano pero, déjale las ovejas a su guardián. CESAR LORQU

El problema principal de mi generación es que los leones caminan como gato y los perros caminan en dos patas, los demás usan lentes oscuros"

CESAR LORQU



...Seth al igual que ila, ron y los otros cuatro lobos constituían una jauría.


Ila destacaba por su apariencia ártica, de baja talla pero sagaz y de un apetito feroz y un gusto especial por la carne de especímenes jóvenes; era la mejor aliada de Seth .

Seth, el macho alfa, extrañamente de un color negro intenso, destacaba por su aspecto entre las hembras y el resto de lobos grises de la manada.


Seth mostraba su ferocidad a toda hora y estaba listo para ser el primero en servirse de la mesa cuando una víctima era presa del asedio de la manada, por tradición también era el más diestro en las labores de caza. Esto le generaba algo de desconcierto a Ron pues sus dotes innatos de alfa así como su habilidad para la caza y su deseo instintivo por mantener unida la manada eran una motivación para no marcharse.


Las montañas de Vermont, al nordeste de la nación mostraban su aliento gélido y cubrían de blanco todo a su alrededor en su afán por mantener distante a todo ser humano que le acechara como potencial colono.


Esa tarde rodearon la casa de la colina, otrora puesto de tránsito en el peritaje de la montaña con rumbo hacia Bear Mountain. Su madera envejecida y los vidrios oscuros de la habitación principal apenas dejaban entrever el interior de la misma. El crudo invierno era más rudo y helado en ésta ocasión, la manada se dispuso estar en las afueras de la casucha, acechando lo que parecía ser el olor y la energía de un anciano que se había quedado rezagado en la montaña en espera de su premio: un buen oso para cazar y poder comer de él pues era bien sabido que la carne de oso era muy apreciada y apetecida en estos lares por su alto contenido en grasa y proteínas. Del abuelo no se tenían noticias en el pueblo, no era problema, pues sus familiares en invierno optaban por migrar a las costas de Florida.


Ila, de color albo, de aliento gélido y pose desafiante, saciaba la testosterona y apetito sexual de Seth; ella era su principal reproductora, sus cachorros grises eran fuertes y menudos pero fieles a su padre, capaces de dar sus propias vísceras para saciar el hambre del macho alfa.

La manada surcó y vigiló al acecho constante la cabaña, esperaron, se rezagaron, salieron a la periferia para consumir un venadillo que había perdido a su madre.


Volvieron al entorno de la cabaña, más que necesidad de saciar el hambre, les inundaba una enorme curiosidad por saber en cuánto tiempo lograrían divisar la figura y presencia de ese anciano de aspecto enclenque que les pudiera proporcionar algo de su endurecida carne para devorarle sin prisa, como si realmente quisieran hacer suyo el conocimiento y las habilidades del anciano que les aclarara cómo lograba sobrevivir tanto tiempo alejado de su especie y, que ni siquiera bajo su instinto milenario pudieran olfatear los humores del miedo del anciano, miedo a perecer bajo el apetito ártico de una jauría de lobos que destacaban no solo por su ferocidad sino también, por sus habilidades para cazar de la mano de su líder alfa.


Transcurrida una semana, tras sus ires y venires en varias ocasiones, tras percatarse una y otra vez que el viejo no saldría esa noche decidieron que tenían que entrar como fuera, intentar quizás romper las ventanas y entables de la vieja cabaña que servía de guarida y defensa del anciano que ahora se constituía en una obsesión enfermiza y primaria que les robaba el deseo por partir a otros lugares, obsesión poco evidenciada en otras manadas de lobos que siempre intentarían garantizar a toda costa el alimento y futuro de los suyos pues,

era esto su esencia y la razón por la que habían venido a este mundo.


Entraron, sin más preámbulo, destrozaron la parte trasera de la casucha, el aroma del viejo se fue concentrando cada vez más y entendieron que su presa estaba cerca; Seth avanzó decidido y dispuesto a dar el primer zarpazo al anciano decrépito para consumir su sangre sin apuros y deleitar y saciar de un sorbo sus instintos más bajos. Cuando entraron a lo que parecía el cuarto de descanso del viejo y, tras agolparse todos los lobos restantes que seguían estrechamente al alfa, tras sentir el aroma desbordado del viejo decrépito y Por qué no angustiado, bajo el acecho de la jauría tras percibir la cercanía de todos sus invasores lobunos, todos agolpados en la habitación del viejo, pudieron percatarse que no había ningún habitante dentro de la casa, ni siquiera restos de lo que pudiera haber sido la alacena y los víveres de viviente alguno, pudieron al fin toparse con la realidad de que nunca hubo habitante alguno dentro de la casa , que el viejo había logrado partir dos semanas antes de la llegada de la jauría tras el rastro de un osezno.


La claridad nítida de un invierno agonizante, los rayos diáfanos de una luz placida y complaciente invadían de golpe la alcoba, esta vez con la convicción de que algo no estaba bien, que no lo habría estado en los últimos tiempos al interior de la manada y que, de ahora en adelante, la manada podría mirar por primera vez y con asombro el joven Ron, con su cresta brillante y su bien expedito anhelo por conducir a su voluntad los destinos de la jauría.


CESAR LORQU.


La lapidación por el poder y la ambición de ser y permanecer en la cúspide la depredación nos hace olvidar que todo lo que hacemos puede estar definido por el infortunio y la observación de una conducta errada y el tiempo y nuestra manada nos lo harán saber.


Tomado de Invierno con lobos, actualmente en publicación y de mi autoría, Todos los derechos reservados.

(DNDA, Colombia)

2022.

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