#No pierdas el tiempo:
- cesarlorqu

- 14 mar 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 1 nov 2025

@Juancito: Papi ya hiciste tareas @Cusho: Nada viejo, por acá descansando para comenzar. ... Esta historia comienza hace un año cuando la epidemia del Coronavirus nos tomó por sorpresa y debimos encerrarnos.
Juan P. de 14 años, era un estudiante de 7°, su promedio era similar al de otros chicos. Veía televisión más de 3 horas diarias y entraba a sus redes cada minuto. Incluso, en tiempos de virtualidad se las arreglaba para que sus papás, Pedro y Margot, trabajadores de la salud, imaginaran que estudiaba todo el día.
Una mañana de mediados de año, mientras sus padres trabajaban, Juancito cómo le llamaban sus amigos de 12 a 14 años, le dio por meterse a un reto virtual. El reto consistía en hacer parejas, independientes de su género, e intercambiar imágenes de su cuerpo mientras se desnudaban. La clave consistía en que quien fuera más audaz y descarado ganaría un dinero apostado y puesto a la mesa entre cada uno de sus participantes. Para ellos, una aventura curiosa, para los adultos una clara iniciación a Pornografía Infantil, castigada por algunas instituciones de control, y al parecer, favorecida por otros.
Juancito, inteligente como le decía su viejo, optó por mostrar sus tetillas desnudas, que me importa a mí, yo no quiero meterme en líos con los viejos si se enteran. Mariana, su amiga de 13 años, optó por fotografiar el reborde de su falda escolar que hacía juego con su hermosa piel de tinte naranja. Andrés, tímido e introvertido, mostró sus dientes de color blanco marfil, su bien más preciado, el tesoro de su inocencia rodeado por un rostro en erupción por el acné. Pablo, mordaz como siempre, mostró la señal obscena de su dedo medio derecho.
Esta vez, como era de esperar, el premio fue para Juan P. Decidieron por acuerdo, no reclamar el premio sino, hacer un fondo común que posteriormente sería acumulado y rifado al de mejor suerte.
Entre los cuatro, habitantes adolescentes, por demás cercanos geográficamente se generó un vínculo afectuoso virtual. Compartían todo en las redes, desde un suspiro hasta la fotografía de la nueva camiseta comprada en internet. Todo dentro de un aura de inocencia, sin dejar de lado la malicia propia de su generación soterrada en un maremágnum de hormonas y al alcance de la red que les abordaba tempranamente y, desde todo frente.
Juan P. propuso un nuevo reto: - Chicos... les tengo un nuevo reto –
Les escribió por wasap. Ésta vez el reto consistía en publicar en el estado de uno de sus padres, una grosería, que para esa edad no significaba ningún problema pues no era sino esperar que sus progenitores cayeran vencidos por el sueño, después de sus agotadoras jornadas de trabajo, para acometer tal fechoría.
Comencemos con Juan P. quien publicó sin miedo: - Jefe, puede irse de escalada a su montaña de mierd...
- Que susto donde su jefe lo leyera, podría mandarlo directo al desempleo.
Al turno de Mariana, publicó:
- Que todos se enteren, estoy estrenando suscripción a una página X - Esto en relación a su papá.
Andrés, no se quedó atrás:
- En las mañanas, mientras todos duermen... ¡Yo observo a mi vecina en camisola!
Pablo, nuevamente montó un gif de su dedo medio en gesto obsceno.
Esta vez, no hubo un ganador. Arrepentidos por la culpa, se refugiaron en sus mundos haciendo regresiones incluso.
Después de una semana de castigo, sin acceso a las redes y sin poder comunicarse con sus amigos, acordaron darse un tiempo, pues la severidad del castigo (Una semana sin acceso a redes sociales y en completo "Mutismo social") les había significado un grave problema de conciencia. Yo diría más bien, un dilema ético entre elegir cumplir la norma o dar paso a la ejecución de sus planes y fechorías de pre púberes.
Vamos al nuevo reto... Mencionó Juan P. esa mañana en el descanso de la virtualidad.
…¡Juguemos el juego de la Ballena Azul!
CESAR LORQU





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