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Parece ser pero en realidad No es.


“Aquel que quiere permanentemente LLEGAR MÁS ALTO tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo”

Milán Kundera


Alguna vez te pregunté sobre tu manía de explicar a todos el ¿Por Qué? y el ¿Cómo?

Comenzabas entonces una prolífica descripción de todo lo inimaginable dentro del marco de las mil formas de explicar un fracaso. Tus argumentos incluían entre otros, que ello se constituía en tu naturaleza y tu esencia.


Con el lapso del tiempo pude observar, sin embargo, que mantenías una distancia emocional sobre mí, que eras férrea y encarada cuando abordabas una dificultad o situación particular.


Mi respuesta, respecto a esto incluía dos opciones probables: Refunfuñar y no alegarte o, simplemente intentar razonar en búsqueda de una teoría argumentativa que me aclarara un panorama poco claro y ambiguo, enrarecido de imprecisiones y reflexiones barrocas.


Entiendo, haciendo alarde de autocrítico, que mi debilidad por encontrar un puente racional con las personas que me rodean hace que estas simplemente usen elementos de disuasión para confundirme y poder acertar un buen golpe emocional que me deje arrinconado como perro regañado.

Pues bien, entiendo que en mi afán de encontrar soluciones y razón a todo lo que diariamente enfrento, he entendido que muchas veces la mejor solución a un conflicto es no hacer nada, no dar la razón a los otros y dejar que el tiempo simplemente, haga su trabajo.


Este relato inicia hace alrededor de 2 décadas cuando decidí alejarme de la casa motivado en mi deseo de romper el juego de nudos que hacían parte de los lazos con mamá y una o dos mujeres que habían decidido mandarme a freír espárragos, como coloquialmente llamamos a la dejada de una novia. En ese momento, comprendí que Cartagena, mi ciudad natal, no era el sitio donde debía envejecer y, por ende, otro sitio fuera de las murallas y el viento marino de Las Tenazas se constituía en mi tierra del Edén, un sitio tranquilo para reinventarme y reiniciar un proyecto de vida como muchas veces lo había hecho, un deja vú recurrente con una final diferente en cada situación particular.


Como ente independiente y autovalorado, debía escapar y buscar raíces fuera. Tras una llamada telefónica acepté llegar a un pueblo del occidente de Antioquia, alejado en el mapa de la ciudad capital pero que me daba la opción de obtener ingresos económicos y prepararme para continuar mis estudios médicos y, ¿Por Qué no?, marcharme del país donde todo Parece ser pero en realidad No es.


La oportunidad de constituir una familia se estableció de manera no planeada, yo no hice nada por cambiar el curso de mi historia. Acepté que debía dejar a un lado mi pasado y pensar que todo debía iniciarse de nuevo como suele ocurrir con un ciclo vital de renovación y auto reencarnación. Hasta aquí, he olvidado mencionar que la vida ha sido muy generosa conmigo y el triunfo en la búsqueda de mis opciones ha venido dando frutos pero, hay cosas que me dan vueltas en la cabeza y, la caída programada de la testosterona en mi cuerpo se ha encargado de dilucidar con el paso de los días cada situación.

El miedo a encontrarme del todo "solo" ha representado mi talón de Aquiles, temor hábilmente manejado por las personas interactuantes con mi ser que, sin proponérselo, han logrado demostrarme que mi mejor opción es estar solo. No es que me parezca una buena opción para envejecer con el devenir de los años, no señor, creo que es una opción que me viene ofreciendo el destino desde mis primeros tiempos y yo, ciego y testarudo, no le he comprendido en esencia.


La naturaleza humana te enfrenta cada día a la opción de un cara y sello para emprender las tareas, nosotros, de manera irracional, decidimos cerrar los ojos y esperar.

Es así como he decidido sentarme al pie de mi árbol siete cueros, contemplar su color e inhalar su frescura sin aspavientos con la convicción de que hay tiempo para todo, incluso tiempo para aceptar tu propia naturaleza, colgar los guayos a la pared tras de mi ventana y recaudar lo veloz que corría tras un balón que, como buena esfera, era más rápida que yo.


CESAR LORQU.

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