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RUIDOS Y BACHES

Actualizado: 18 nov 2022



Hace una franja de tiempo que no alcanzo a descifrar, pues he perdido la

relación de las horas con los minutos y de los minutos con los segundos,

que estoy en un sitio donde siento frio y donde todos saben mi nombre

pero yo no conozco a nadie.


No me da hambre, ocasionalmente siento que me mueven pues ya no

soy capaz de mover por mi cuenta propia ni un solo dedo de mis extremidades.

En una carrera de relevo emocional, donde lo menos importante es

el tiempo, le he confesado mis miedos a Dios en un soliloquio que ni

siquiera estoy convencido de que él me logre escuchar.


- Hola, estás en una Uci* -

- Te rompiste el bazo y sangraste mucho -

- Tienes hemorragia en la cabeza también -


Recuerdo una voz grave, serena y fuerte a la vez, que me traía a colación

mi actual realidad.

Escuchaba ruidos y voces que me hablaban un idioma poco claro para mí.

Los pocos semestres que adelanté en mi tecnología en Sistemas, interrumpida por

estar pasando física y real hambre, me dejaban poca claridad y discernimiento

sobre lo que estaba pasando a mi alrededor.


- No te muevas Gabriel -

- Quedate quieto -

- No te toques ese tubo -

Entonces una mágica y especial sensación de alivio me invadía desde el brazo

y una tonalidad azul inundaba mis ojos cerrados.


Recuerdo de manera confusa haberme subido a la moto esa mañana,

atrás quedaba el café y la arepa con mantequilla que mamá me preparó

como lo hace desde que tengo uso de razón.

De manera irresponsable comencé a rebasar uno a uno a quienes se

entrometían en mi camino, incluidos autos, camiones y motos. Todo

un rosario en procesión sobre las estrechas calles de la salida de mi barrio.

Unas veces sobre la izquierda, otras veces sobre la derecha, de cualquier manera

adelantaba sin tener en cuenta los riesgos; algunos seres furiosos se desquitaban

sobre sus bocinas o me estrechaban de paso. Entiendo que está mal adelantar sobre la

derecha de un auto - Antes lo evitaba - pero, en ésta parte del mundo

- Todo mundo lo hace - y no parece importarle a nadie.


Vuelvo a mi realidad actual y escucho una voz dulce que me habla,

es la voz de una mujer que se me hace muy familiar.

- Mijo, Usted se me va a aliviar -

- Ya le prendí las velas a la virgen -

- En casa lo esperamos Gabriel -

- En casa le tengo su ropita organizada -


Hace un tiempo que no escucho las voces, a veces me hablan fuerte y dicen en

sus palabras que estoy muy mal, que parece que no quiero despertarme.

Mis brazos inmóviles y mi garganta tallada me duelen mucho.

Ya no me talla tanto la boca, por alguna razón, siento que estoy

respirando sobre mi cuello y ya no me importa.

Solo quiero decirle a la Sra. de esa voz dulce que lo siento

mucho, que quisiera despertarme para decírselo a todo pulmón.

Ya no sé cuando es de día y cuando es de noche.

Sí despertara lo primero que haría sería hablarle a la gente del riesgo de

manejar sin control y en exceso de velocidad; el aire sobre tu cara

es adictivo, la velocidad también, pero la soledad no lo es.


Si me lo preguntas, yo te contestaría:

- Quiero volver a despertarme -


CESAR LORQU.


Gabriel es un personaje irreal, tiene una parte de Carlos, otra de Fernando y muchas

coincidencias de Farley, todos ellos fueron víctimas del exceso de velocidad y la falta

de educación vial. Hoy depende de un ventilador y de un cuidador para vivir.


*UCI: Unidad de cuidados intensivos.

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