El sueño español:
- cesarlorqu

- 1 feb 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 13 jun 2025

Alex llegó tras ocho horas de viaje en avión a Barajas Madrid, eran las 11 am hora local.
Recuerdo que llevaba puesto su camiseta con rostros anime y el jean que acumulaba más usos que años su identificación.
Nadie le esperaba, el muchacho de 17 años llegaba a un mundo nuevo donde sus sueños y su deseo por olvidar el pasado reciente se curvaban en un universo longilíneo de elementos fríos y egoístas a su alrededor.
Recogió sus pertenencias en la sección de equipajes, se regaló unos segundos para aferrarse a la imagen de la Guadalupana ágilmente guardada dentro del pasaporte por su madre antes de despedirse con un fuerte abrazo y unas cuantas lágrimas en sus ojos.
Recordó que en su maleta Totto traía un sánduche de pavo camuflado por Doña Ana, la mujer inspiradora y motor de éste viaje, la mujer que diariamente le hablaba de la importancia de darle vida a sus sueños y tragarse los resentimientos y frustraciones a secas y de un solo trago, sin otra intención diferente, sin otro motivo a vivir y luchar plenamente por todo lo que le generaba pasión y entrega.
– ¡Abre los ojos, recuerda quien eres ! –
– ¡Recuerda a qué viniste ! –
– ¡Recuerda, Quién eres y …!
– ¡Recuerda, en quién te quieres convertir ! –
Cómo lo iba a olvidar si Ana se lo recordaba todos los días, todas las mañana cuando salía a recorrer las calles de su ciudad a ganarse el sustento al lado de sus tíos, hombres hechos a tierra y fuego, hombres que le recordaban a Alex que para que preguntar por su padre si Dios le había regalado dos tíos que se la jugarían por él.
Motivación suficiente había tenido en los últimos tiempos en la observación de sus vecinos, con sus vidas - espejos, para desear escaparse de ese ambiente dormido y hostil, un mundo de enanos con sueños diminutos y planes miopes que como Miguel, su primo, jugador de cartas y domino y con sello machista, de camisa a medio abotonar y pantalones ajustados para que se le marcara bien el merca'o, quien se empinaba una media de ron y decía que él era el nuevo gallo del gallinero, que se prepararan las chicas porque su testosterona estaba a prueba de cualquier polvo;
De Mariana su vecina, su primer amor platónico, quien le había contado que se saldría del colegio antes del fin de año porque quería escaparse con su primo Manuel y parirle cinco muchachitos, valiente decisión en un mundo atestado de gente.
Del vecino Juan, a quien le habrían jodido la vida al mandarle al ejercito a enfrentarse como carne de cañón a los asesinos del monte, los que se hacían llamar guerrilleros y que prometían paz y pan para los pobres, pobres que como Juan perderían partes de su cuerpo y partes de su orgullo como esa mañana que le explotó una mina bajo sus piernas y le puso a caminar sobre muletas, cojeando para siempre.
Esas vidas espejos, como le denominaba mamá, eran la punta de partida y no retorno que necesitaba para decirse a sí mismo, para jurarse que lo intentaría una y otra vez, sin descanso.
Alex llegaba, buscaba en esa nueva tierra la oportunidad que sabía se merecía,
lo tenía todo muy claro,
– No vuelvo a mi pueblo ni siquiera por María (Su traga de niño) –
Un baño de agua fría, dos cucharadas de arroz mojado en salsa de tomate, un puñado de esperanza y una sonrisa plena era lo que necesitaba, eso era más que suficiente para presentarse a su jefe quien le pondría a trabajar limpiando baños, los mismos cagados baños de borrachos y putas que le empujaban estúpidamente dentro del bar cuando se disponía a caminar entre ellos.
– ¿Quién ha dicho que no hay oficios dignos ? –
– ¡La dignidad no llevará comida a tu boca muchacho! –
Como le decía su mamá cuando le veía llegar aburrido por una frustración fruto de un esfuerzo perdido por ganar un poco más de dinero o, la indiferencia sesuda de María en una tarde de colegio cuando una promesa de quererla para siempre le generaba risas y contorsiones de burla a la muchacha.
– Una buena actitud y una enorme sonrisa en tu cara, eso te abrirá las puertas Alex –
Esto lo recitaba diariamente al meter mi cabeza bajo el agua fría para irme hasta el trabajo.
Eso y la convicción de que se encontraba en un momento de Todo o Nada, decisivo y único para poder reunir los reales que había prestado su madre para comprarle un tiquete sin regreso pues en su tierra había pocas cosas para mejorarle la vida.
Sigo trabajando sin pausa, ahora ya he ahorrado unos euros, estoy tramitando mi permiso de residencia, dentro de poco podré iniciar mis estudios técnicos en construcción. Ya me parece más liviano el trabajo, hasta estoy cambiando mi acento. Ahora entremezclo los refranes, ya cuento con suficientes amigos para tomarme unas cañas antes de arribar a mi cuarto, he conseguido una novia que me hace más tranquila la estancia.
Ahora, me alisto en mi cuarto, después de una ducha fría y de comer un bocadillo con agua visitaré el centro de migración, me estoy labrando mi permanencia en esta tierra, sigo recordando con regocijo en mi pecho la principal lección de Doña Ana, casi una oración para mí:
– Una buena actitud y una enorme sonrisa en tu cara, eso te abrirá las puertas Alex –
... Homenaje a Alejandro L.
Por CESAR LORQU





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