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Presagio

Actualizado: 27 jul 2025

Los hombres en mi tierra caminan de espalda al sol...
¡mami, vamos por allí, por donde hay Sol! Alli donde hay Sol, hay muchas flores, ¿por qué quieres ir donde hay oscuridad? Actos Humanos, Han Kang



Allá, en la estrechura del valle de ingreso a nuestra localidad

que es origen implícito de las mentes estrechas y egoístas de mis coterráneos,

todo era impredecible y ordinario, tosco pero tibio en su forma,

allá, las destartaladas cimas en los techos de zinc de nuestras casas

anunciaban riesgo de avalancha con su vibrar y ronroneo,

con el ruido y la recurrencia de algo grave por ocurrir

al tiempo mismo en el que recordábamos a Dios para suplicar por su piedad,

el momento en el que una gota de café desbordaba mi taza servida

con la curiosidad implícita por manchar mi camisa blanca y las aves cercanas

huían despavoridas para adentrarse en la búsqueda de un lugar seguro,

las mujeres jóvenes corrían por irse con alguno de los hombres apostados

en la cercanía del puerto, hombres con una incertidumbre manifiesta

al no saber precisar si encender otro cigarrillo o empinarse otro trago

de la botella de aguardiente para disimular el miedo que les agobiaba

se complacían por inundar de vacío las indemnes cajas de cartón donde

nuestras niñas resguardaban de los vagos su inocencia dorada

y los escuincles descalzos, con sus pies empotrados en lodo corrían

con un afán disimulado a la tienda de la esquina para solicitar

por una bolsa de arroz y por golosinas para pagar en la víspera

dando con ello la oportunidad al viejo tendero de acordarse

por el cobro al finalizar el mes pues a esa edad, la predicción de futuro

se establece sobre horas y el tiempo avanza despacio.

 

Acá, en general todos corren y no entiendo cuál es el propósito de su prisa

pues todavía no llega la noche y el mar en su devenir, abraza nuestros pies

en una señal de que no estamos solos.

 

Acá, donde la tierra es tan vasta que los más pudientes se la apropian

sin querella y los abogados siempre están dispuestos a defenderte

aunque seas un criminal y un verdugo de ideas nuevas,

apenas logramos divisar con esfuerzo los caballos y las vacas

pastoreando indiferentes pues no se observan depredadores comunes

en el horizonte y lo que importa es su consecutivo y las iniciales

impuestas a fuego sobre su piel,

acá donde la dulce brisa de la tarde te roba el aliento y los pájaros

en bandada abandonan el sendero dejando su algarabía tras partir a otros árboles

más seguros en búsqueda de nuevos refugios temporales y donde la vanidad

de sus colores se disipa en la neblina de una mañana austera,

acá la memoria es muy corta y apenas alcanza para recordarte al día siguiente

en casa de cuál amigo o vecino jugarás una partida de póker

para así ganar una ronda de cerveza helada que disipe la sal de tu última comida.

 

En el ahora de mi circunstancia prolija,  en el aquí de mi divagar innato,

he decidido cruzar la calle para tocar tu puerta e invitarte a observar la tarde

pues no sé cómo llamarte ahora, pero de niños solía llamarte

¡Mi alma gemela!

 

  

CESAR LORQU


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